Declaración para el Día Internacional del Euskera de 2021: el euskera como herramienta, hacia una nueva era

03/12/2021
Incluso en nuevos y no formales ámbitos de uso, el euskera vuelve a respirar.

Con cuidado, pero al final estamos saliendo de lo más negro a lo más claro. Hemos empezado a recuperar lo que hace atractiva y sostenible la vida de cada uno de nosotros y del pueblo y de la sociedad que juntos formamos: las relaciones directas, los hábitos de encuentro, las oportunidades y los espacios; la tendencia a unirnos a los demás que nos conforman. Y, junto a ello, estamos reforzando los hilos y redes de actividad económica que nos resultan imprescindibles, con la esperanza de llegar al lugar previo a la pandemia y, si fuera posible, a la mejora. Y nos guiamos por una decisión firme: que no quede nada sustancial atrás. Ni siquiera el euskera. De ninguna manera.


El euskera se ha enfrentado a la pandemia con nosotros, y tiene que triunfar con nosotros. De hecho, en la nueva etapa, tras la grave situación que nos ha hecho conscientes de nuestra vulnerabilidad y la de nuestra sociedad, están surgiendo nuevas formas, costumbres y cauces de relación y comunicación, que serán aún más novedosos y sorprendentes. La pandemia ha puesto de manifiesto lo que sabíamos: hasta qué punto son imprescindibles las líneas y redes de comunicación, hasta qué punto la comunicación aporta valor a cualquier actividad, y ahora, además de saber, sentimos esa realidad: hemos interiorizado profundamente la esencia de la comunicación, de la relación. Esta es una de las principales características de la nueva era. Y eso es lo que el euskera tiene como reto ocupar, con toda naturalidad, el lugar que le corresponde en los nuevos ámbitos de comunicación y actividad. Eficazmente. Firme.


El euskera, gracias a la actitud proactiva de la comunidad vascoparlante, está afrontando el gran reto que las TIC han supuesto para la difusión y fortalecimiento de las lenguas minoritarias en las redes de tecnologías de la comunicación y la información. Tiene sitio. Es útil. Y es realmente difícil conseguirlo en el inmenso océano de lenguas.

 
También en este ámbito es ejemplar el trabajo que ha realizado y está realizando la comunidad vascoparlante, entre otras cosas porque la presencia directamente relacionada con el uso es lo que aporta un verdadero valor añadido al euskera. Y está quedando claro que desde el imprescindible apoyo y liderazgo que las instituciones públicas debemos ofrecer, si trabajamos de la mano de la iniciativa y la colaboración público-privada, la medida del reto no debe asustarnos. Porque estamos demostrando claramente que, en el mundo de la educación, de los medios de comunicación, de la sanidad, en el ámbito socioeconómico, de la administración, etc. hay que dar y estamos dando pasos audaces en el ejercicio real de los derechos de los vascoparlantes. Y en todas ellas hay que avanzar, por supuesto, dando pasos más sólidos, con continuidad, por el camino de la innovación continua y desde el compromiso de todos. Pero este comienzo de la nueva era post-pandemia nos exige añadir una nueva perspectiva: junto con los usos formales de la lengua, hay que trabajar en los ámbitos no formales, en las necesidades

Con la misma preferencia.

 

El vascoparlante debe llevar a cabo la posibilidad de vivir en euskera con total naturalidad, al pasar del ámbito formal de las relaciones cotidianas al mundo laboral, el ocio, la cultura o el deporte, uno de los significados de vivir en euskera. Porque no podemos negarle al euskera esos espacios que se asocian al descanso y disfrute del cuerpo y del espíritu. Y para avanzar ahí, además del compromiso de los hablantes, será imprescindible el esfuerzo que las instituciones debemos hacer: poniendo los medios y demostrando ejemplaridad. Nos jugamos la fuerza vital del euskera, además de los ámbitos formales, en el reto de ganar esos espacios no formales para el euskera. De hecho, un salto en el uso del euskera en este ámbito cambiaría radicalmente y en una dirección totalmente positiva la vivencia del euskera en muchos hablantes, muy especialmente en los jóvenes. Los ámbitos del ocio y el deporte tienen, por otra parte, características propias de valor en cuanto al cambio de hábitos en el uso de la lengua y tienden a una organización variada (clubes, federaciones, asociaciones, grupos...). Difícilmente buscaríamos un marco más adecuado para llegar a los jóvenes, para dar un impulso vital al uso no formal del euskera, activando el deseo de dar un paso efectivo hacia el euskera tanto en los jóvenes como en los no tan jóvenes. He aquí, pues, la misión.


Es una oportunidad única para que el euskera se convierta no sólo en compañero de viaje, sino en una herramienta eficaz para las nuevas relaciones y espacios de uso que estamos recuperando y que vamos a inventar en este inicio del camino hacia una nueva normalidad. Depende de todos. El euskera está preparado; nuestra sociedad, con ganas; y nuestro pueblo, decidido. Partamos.