El artista y la historia del arte

Me refiero a Enrique Nieto Ulibarrí, Pedro Muñoz Condado y Enrique Renteria, los tres en la línea honesta propia de la anterior generación, bien dotados y con una paleta que hacía honor a las entonaciones rigurosas y suaves que da el país". Como prueba de las dificultades económicas de aquella situación se tuvieron que ganar la vida con otras actividades: "Enríke Renteria aferrándose a la barra de un bar enmarcado por robles impresionistas” (5). 

El creador zornozano colaboró con Mauricio Flores Kaperotxipi aportando informaciones para el libro Arte Vasco (6). Para el escritor y pintor afincado en Argentina: "Enrique Renteria, el destacado pintor de Amorebieta, que comenzó a pintar sin maestros y que tiene, tal vez por eso mismo, acusada personalidad. Siempre se le oye, pese a sus verdaderos aciertos, y con la modestia que le caracteriza "que está empezando” (7).

En otro apartado indica, "Enrique Renteria, hace sus paisajes de una manera cautivadora. Hay cuadros suyos en Bilbao, Durango, San Sebastián, Madrid, Estados Unidos, Francia, Bélgica, Filipinas. Es decir, hay cuadros suyos por toda la redondez de la tierra. Enrique Rentería, en sus paisajes, pone algo más que el color, el dibujo y la técnica, pone el alma, como se ve en estas palabras de La Gaceta del Norte, de Bilbao:” ... y es que en ese lienzo pintado por Enrique Rentería con toda su alma de artista, ha sabido reflejar toda la simpatía de nuestros más bellos rincones”. Se le ve pintar, además de las cosas que tiene a la vista, lo que hay entre él y lo que tiene precisamente a la vista. ¿Qué es ello?. El periódico Hierro, de Bilbao, contesta, hablando del artista: "ese elemento tan importante y tan olvidado para otros que es la atmósfera...”. Buen pintor, Enrique Renteria. Y de los que siguen pintando”. (14)

La investigadora Pilar Mur no hace ninguna valoración, ni para bien ni para mal y no le selecciona a la hora de hacer el balance de la Asociación de Artistas Vascos (9). Simplemente recoge su participación en la misma e indica lo que publica la prensa de la época con motivo de su única individual en la sala que el grupo tenía en la Gran Vía: que la mitad de las obras expuestas en su primera aventura expositiva era conocida pues pertenecía a colecciones particulares. Lo que manifiesta que su actividad tenía aceptación social.

Juan de Aróstegui Barbier no le cita en su libro La pintura vizcaína de la postguerra (10). Y es que no va a participar en las labores de los nuevos cenáculos artísticos surgidos después de la guerra civil, casos del Grupo del Suizo (1941), la Asociación Artística Vizcaína (1945) y la Agrupación de Acuarelistas Vascos (1944), sociedades constituidas por algunos artistas y sobre todo por bastantes aficionados, algunos de ellos vinculados al régimen franquista.

Al analizar el período posterior a la guerra civil, para Ana María Guasch Enrike Renteria se sitúa en la posguerra junto a otros autores en torno a los 40 años de edad en "una pintura que no traspasa los límites del paisaje y del retrato, en lo temático, y del vago postímpresionismo, en lo estílístíco” (11). 

Tras señalar que es uno de los principales representantes de la tendencia, continúa: "En el contexto pictórico del impresionísmo y, en particular, de algunas tendencías postimpresíonistas, como el puntillismo, cabe incluir la labor del pintor vizcaíno Enrique Renteria. Su técnica que parte del conocimiento de Darío de Regoyos, con el paso del tiempo se deja influenciar por la obra de Arteta, en es pecial en su última época (años 70) en la que parece hacer repaso de la pintura vasca de preguerra(12).

Son varias las discordancias. La existencia de puntillismo en la pintura de Renteria es sólo algo muy parcial y adscrito a algunas áreas, no al cuadro en general. La relación con Arteta no existe, como tampoco el intento de repasar a la anterior pintura vasca. Son inexactitudes que no se ajustan para nada a resultados e intenciones.

Por otro lado, la dependencia con la obra de Regoyos es un lugar común que se ha jaleado en exceso por comentaristas, historiadores y críticos; algo con lo que el propio artista no estaba de acuerdo. Existen en algunas piezas de los comienzos ciertos vínculos tonales y de trazo, pero también hay notables divergencias. En la obra de Renteria el dibujo está más presente, tanto en los interiores como en los paisajes, con o sin figuras. Su exceso le lleva al ingenuismo, mientras que el asturiano alcanza el clima naif por despreocupación y ausencia de estudio lineal preciso. Frente a un deje subjetivo y algo distorsionado, hay en el vizcaíno un tono de equilibrio y armonía, resultado de experiencias sensibles fuertemente idealizadas. Llega a calidades ornamentales en algunas partes e incluso a ensoñaciones irreales en otras. El cromatismo es más cálido y tiene una paleta de mayores intensidades en luces y atmósferas. Con una pupila muy afinada describe elementos de modo preciso y sintetiza otros hasta conformar unidades plásticas, cuyas cualidades globosas, con masa y sin peso, le sirven para representar paisajes nevados, piedras y nubes, cuyos cielos recuerdan a los más imaginativos de Ucelay.

En la actualidad no se conoce demasiado bien la pintura de Enrike Renteria Mardaraz. Las nuevas generaciones saben muy poco de él. La totalidad de la obra se encuentra en manos privadas y no existe ningún estudio en profundidad. Son muy contadas las ocasiones de ver su obra.

No siempre se ha sido muy justo con su labor pictórica y existe alguna inexactitud en lo publicado por historiadores y críticos. Incluso se le da como fallecido tres años antes del fatal desenlace, lo que ocurrió el 16 de noviembre de 1982 (3). Una anécdota que ilustra su renuncia a todo acto social y el encierro del artista en Amorebieta, pueblo donde nació el 9 de febrero de 1900. 

Según recuerda el artista y corrobora Manuel Llano Gorostiza (4) fue descubierto por Juan Gorbea y Luis Iceta, capitán del Athletic de Bilbao, quienes mostraron su obra a los pintores Isidoro Guinea y Antonio de Guezala. Fue entonces, en 1924, cuando se le admitió como miembro de la Asociación de Artistas Vascos, sociedad de la que formó parte hasta su disolución con ocasión de la guerra. 

Para el citado periodista e historiador su primera presentación individual en la sala de la Asociación de Artistas Vascos en 1928, “fue un éxito rotundo. Desde entonces, ha venido exponiendo en la capital vizcaína con relativa frecuencia y siempre maravillosamente acogido por crítica y público”. Después indica que Renteria "vive una formación autodidacta para entregarse al paisajismo impresionista a lo largo de una producción cuantiosa en la que destacan sus cualidades humanas y su franciscanismo, un poco a la manera de Regoyos aunque con raíces más populares y menos cultas”. 

En el capítulo dedicado a analizar el arte de posguerra en el País Vasco, el mismo autor indica: "La situación resultaba inestable. Los más jóvenes, aún inmaduros, no pudieron alcanzar el veredicto de la época rigurosa. Y, desde luego, aparecían demasiado honrados para poder triunfar sobre el confusíonísmo de las medallas concedidas por votacíón de los propios expositores."